sábado, 4 de septiembre de 2010

Picasso y el cubismo

Tomado de “Picasso”, de Elke Linda Buchholz y Beate Zimmermann, minilibros de arte, editorial Könemann

El Cubismo supuso una ruptura con la tradición artística y un hito en el arte del siglo XX. Después que Picasso creara unas formas radicalmente nuevas en su escandaloso cuadro Las señoritas de Aviñón, el Cubismo se convirtió en una aventura para él y Georges Braque. Ambos artistas impulsaron el desarrollo de este nuevo lenguaje de las formas manteniendo un estrecho diálogo artístico. El Cubismo se alejaba de la reproducción de la realidad, fragmentaba la forma familiar de los objetos, descomponía el mundo visible en partículas minúsculas y las organizaba de nuevo en los cuadros.
Casas sobre una colina, 1909, óleo sobre lienzo

En las obras de Picasso y Braque, las casas, los árboles y las formas del paisaje se habían convertido en volúmenes geométricos angulosos distribuidos sobre el espacio pictórico, al margen de las reglas de la perspectiva. Estas obras transformaron el postulado de Cézanne de que la naturaleza debía construirse a partir de esferas, conos y cilindros.
Cuando Braque expuso las primeras obras de esta nueva tendencia, un crítico aprovechó el comentario de Henri Matisse (“los cuadros se componen de pequeños cubos”) y acuñó el término “Cubismo”.
Después del período inicial inspirado en Cézanne, a partir de 1909 se impuso el llamado “Cubismo analítico”: Picasso y Braque descompusieron los motivos pictóricos en partículas cada vez más pequeñas, hasta el punto de que era casi imposible reconocer el objeto.
Guitarra y botella, 1913, carboncillo, clavos, trozos de madera, papel

A partir de 1912 hay un cambio y empieza a desarrollarse el “Cubismo sintético”. Las composiciones estaban constituidas por formas y superficies de color más grande, conexas y abstractas, que se podían relacionar con algunos objetos mediante alusiones concretas (como el contorno abombado de una guitarra).
En este período el juego con las formas lleva a Picasso a desarrollar nuevos campos en el trabajo artístico: el collage y el ensamblaje.
Picasso, un hombre muy curioso para quien su entorno era una fuente constante de inspiración, empezó a incorporar elementos de la realidad física a su arte: recortes de periódico, trozos de madera, cartón, chapas, asientos de rejilla o naipes. En manos del pintor todos los materiales y formas imaginables de combinaban para crear cuadros, como si fuera esa su verdadera función. Por una parte, se trataba de ideas pictóricas nuevas; por otra, los cuadros también eran innovadores desde el punto de vista formal, ya que el collage no era una representación del mundo, sino que éste se convertía en un elemento físico del arte. Picasso profundizó en este concepto mediante la técnica del ensamblaje, que le permitía ampliar el plano pictórico a través de objetos tridimensionales: sus obras dejaron de ser cuadros planos para convertirse en objetos plásticos que se desbordaban del marco.
Picasso se permitió algunas licencias artísticas absolutamente inimaginables hasta ese momento. Fraccionó las formas y modificó su apariencia en obras de dos dimensiones, pero en sus trabajos tridimensionales fue aún más lejos, al cambiar sin más el significado de objetos procedentes de la realidad: convirtió una hoja de periódico en un violín, transformó una caja de cartón en una guitarra y asignó a una tabla de madera una nueva función como elemento de una naturaleza muerta. El artista pasaba así constantemente de la pintura a la escultura, como haría con frecuencia a lo largo de toda su vida.
Sin embargo, sus motivos pictóricos nunca se alejaban por completo de la realidad. Las numerosas naturalezas muertas y los cuadros de figuras suelen basarse en las impresiones y sensaciones que experimentaba durante sus visitas a restaurantes o cafés parisinos y muestran instrumentos musicales y objetos de su estudio, así como a sus amigos y amantes
El violín, 1912, óleo sobre lienzo. Jugando con las formas redondeadas del violín y el cuerpo femenino, Picasso englobó las vetas de la madera y una partitura titulada "Jolie Eva" en una composición armónica de formas oscilantes.

Retrato de Ambroise Vollard, 1910, óleo sobre lienzo.

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