domingo, 12 de septiembre de 2010

EL ARTE ROMÁNICO

Con el término “románico” hacemos referencia a la corriente estilística predominante en buena parte de la Europa cristiana desde finales del siglo X hasta bien entrado el XIII.

Contexto histórico

Desde la caída del Imperio Romano de Occidente como consecuencia de las invasiones germánicas (siglo V) hasta el siglo X, Europa atraviesa una época de profunda inestabilidad. El ordenamiento social y político romano, junto al arte, la cultura y la ciencia se ven gravemente dañados.
Los desplazamientos masivos de pobladores, las grandes invasiones (siglos IX y X) de vikingos, hunos y musulmanes y las guerras que éstas acarrean, sumen al continente, salvo momentos y lugares concretos, en una situación de precariedad social.
Las pestes, el hambre y las guerras de la época parecen anunciar el fin del mundo, justificando el terror milenario que el hombre medieval siente durante las últimas décadas del siglo X.
Tras el cambio de milenio renace el optimismo. No sólo la vida continúa, sino que muestra una cara más amable, al mejorar las técnicas productivas y agrícolas, como los enganches a las bestias de tiro. También se inventa la herradura, el arado con ruedas y vertederas, y se comienza a usar la fuerza hidráulica para mover los molinos.
Estos avances influyen en un importante aumento de la población.
En el plano militar, los grandes desplazamientos invasores se detienen al convertirse al cristianismo a húngaros y normandos, mientras que la amenaza musulmana es frenada en España.
Sin embargo, el empuje decisivo para el resurgir del continente lo constituye la unificación y exaltación espiritual de Europa bajo la bandera de la fe y el ideal cristiano. La intensidad religiosa de la época permite unir, en lo moral, estados y territorios que en lo político y geográfico se encuentran muy alejados.
Los monasterios, que en la Alta Edad Media tienen una influencia muy localizada, comienzan ahora a desarrollarse por todas partes, impulsados, sobre todo, por la poderosa Orden de Cluny. Las peregrinaciones a Roma, Jerusalén y principalmente a Santiago de Compostela, y el movimiento guerrero-religioso de las Cruzadas impulsan el intercambio de conocimientos, culturas y formas de vida entre europeos, y entre éstos y el Islam.
Es en este marco del resurgimiento espiritual, social, económico y demográfico donde hay que encuadrar al románico. Toda Europa se ve envuelta en una fiebre constructiva sin precedentes. Al principio las obras afectan principalmente a las catedrales de las ciudades más influyentes o situadas en las rutas de peregrinación y a los poderosos monasterios. Pero poco a poco el estilo se extiende de tal modo que, a la llegada de la Baja Edad Media, no quedó pueblo o aldea sin su templo levantado en el nuevo estilo.
Comienza, por tanto, la era del primer arte europeo y del primer arte verdaderamente cristiano. Un estilo que integra formas arquitectónicas, esculturales y pictóricas en un plano de trascendencia espiritual, en que se emplea el lenguaje simbólico para comunicar sentimientos e ideas de elevada dimensión.

Las características del románico

Las formas que adopta este estilo (es considerado el primero de los estilos europeos por la difusión que tuvo en el occidente de Europa) se basan en una idea del arte desarrollado por y para la inteligencia humana. No pretende, como otros estilos, copiar la naturaleza circundante, sino conceptuar la belleza de una manera abstracta.
Es por ello que los elementos de su arquitectura se reducen a figuras sencillas de la geometría euclidiana. Es una arquitectura de “escuadra y compás” donde cuadrados, círculos, cubos y cilindros, se disponen con un sentido estricto del orden y la simetría. La belleza y armonía que transmiten no es, por tanto, el resultado accidental del artista que por intuición desarrolla unas formas bellas, sino un hecho calculado.

La iglesia románica Iglesias y monasterios son los edificios característicos del románico. Sobre finales del siglo XII, con el aumento de la importancia de las ciudades, sobre todo de las que se encuentran en las rutas de peregrinación, el románico llega a éstas, y en algunos casos la iglesia se transforma en catedral.
El carácter simbólico de este estilo es tan importante, que en el periodo de auge del estilo, la mayoría de los elementos arquitectónicos y escultóricos se concebían con su propio simbolismo. Así, por ejemplo, encontramos que la planta de la inmensa mayoría de las iglesias, tiene una orientación cardinal invariable de oeste a este. De tal manera que el altar, situado, en la cabecera del templo, mira hacia levante. El simbolismo que subyace en tal disposición se basa en que en el Altar se encuentra Cristo, y Cristo es la luz del mundo.
Las bóvedas de medio cañón o cuarto de esfera de los templos simbolizaban la bóveda celestial, y es frecuente encontrar en las puertas del templo figuras de leones u otros animales fantásticos en enjutas, tímpanos y capiteles que simbolizan los guardianes del templo, el lugar sagrado.
Como consecuencia, una iglesia románica del periodo clásico es una construcción de volúmenes contundentes, sobrios y equilibrados. Las formas que prevalecen son el semicírculo (arquivoltas y bóvedas de cañón) y el ángulo recto (naves, torres, etc.). La severidad de sus muros pétreos, anchos y poderosos para permitir una gran pervivencia de la construcción, se anima con escultura figurativa de increíble imaginación, concebida para enseñar y conmover.

Características constructivas de la iglesia románica

La planta tiene forma de cruz latina. Presenta una o tres naves, siendo la central más amplia que las laterales. Cada nave acaba en un ábside, generalmente semicircular. Y el ábside se suele cubrir con una bóveda de cuarto de esfera.
Otro elemento constructivo identificador del románico es el arco de medio punto. En el interior de las iglesias este arco está sustentado por capiteles profusamente decorados con escenas bíblicas, animales fantásticos o motivos geométricos o vegetales. Columnas o pilares (la mayor de las veces cruciformes) sostienen las arquerías.
El desarrollo en profundidad del arco de medio punto del ingreso, genera la bóveda de cañón, la que se refuerza mediante arcos fajones. En las naves laterales suele emplearse la bóveda de arista, que se genera por el cruce en ángulo recto de dos bóvedas de cañón.
La bóveda, que confiere más solidez y perdurabilidad al edificio, al ser más pesada que los techos de madera, requiere de muros más gruesos. Éstos, para sostener esas bóvedas de piedra, no admitirán muchos vanos y requerirán de contrafuertes, tanto en el exterior como en el interior. La puerta tiene un aspecto abocinado, resultado de la utilización de un conjunto de arcos de tamaño decreciente y progresivamente rehundidos, denominados arquivoltas.
En el arco de medio punto ubicado sobre la puerta se desarrolla un tímpano y si la puerta es muy ancha se refuerza con dintel y un soporte central denominado parteluz.
La decoración inunda cada uno de estos elementos arquitectónicos, cumpliendo una clara función didáctica.

Simbolismo de la iglesia románica

• La planta de cruz latina simbolizaba al crucificado
• Las 3 naves representaban la santísima trinidad
• La cúpula que se levantaba sobre el crucero: símbolo de perfección e imagen de lo celeste. Su planta cuadrada: símbolo de lo terrestre

Las partes de la iglesia

• Además de las naves, el transepto, el ábside, solía haber un atrio o pórtico en la entrada (nártex), un claustro o patio rodeado de columnas, una cripta para las reliquias, y torres-campanarios (exentas o adosadas al edificio).
• Los atrios sirvieron como lugares de reunión civiles, las torres para vigilancia militar, lo que prueba la importancia de la iglesia en la vida comunitaria.

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