sábado, 24 de julio de 2010

Claude Monet

Adaptado de "Historia visual del Arte" dirigida por Claude Frontisi, editorial Larousse

Monet, considerado el líder de los impresionistas (el grupo tomó el nombre a partir de su óleo Impresión: amanecer), siguió el camino abierto por Manet y orientó sus búsquedas pictóricas hacia la liberación de la pincelada y la traducción mediante el color del aspecto real de la luz.
En la línea del naturalismo de la escuela de Barbizón y de las investigaciones de William Turner, Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcritas sobre el lienzo. Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes. En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mares y ríos), la nieve, el cielo y el aire, "lo que se encuentra entre el motivo y yo", a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.
Recorrió Francia de norte a sur pintando el campo, los puertos, la costa, lugares destacados. Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas, lo que le otorgó un renombre internacional.
A partir de 1890, Monet intensificó su práctica de las series, con lo que dio el primer golpe a la preeminencia del tema. Representó un mismo motivo en distintos momentos del día y del año, y así produjo una serie de variaciones para plasmar lo inasible: la luz y el tiempo. Estos cuadros se solían presentar juntos y desplazaban, de ese modo, el tema del arte de lo concreto visible hacia lo impalpable. Simples soportes de efectos luminosos, los objetos se difuminan disueltos en los componentes de la pintura, que pasa, en lo sucesivo, al primer plano. Mediante la pincelada visible, de tamaño y espesor variables (de la mancha al trazo largo), se yuxtaponen sobre toda la superficie colores puros que por sus contrastes construyen el espacio. En estas imágenes no existen ni centro ni perspectiva.

Otra entrada en el blog sobre Monet encuentras en: http://estudi-arte.blogspot.com/2009/08/pintores-impresionistas.html


Impresión: amanecer. 1872, óleo sobre tela 50 x 65 cm. "Me solicitaron un título para el catálogo. Esto no podía pasar realmente por una vista de El Havre. Respondí: pongan impresión", confesó Claude Monet. La crítica, aunque se mostró hostil, no se equivocó al hacer del título de la obra una especie de manifiesto estético para el nuevo movimiento.
Desplazada por la fotografía, la pintura se alejó de la imitación para trabajar con sus medios específicos: el color y la forma. Los detalles del puerto de El Havre sumergido en la bruma, más que verse, se adivinan. Lo que asombró fue el nuevo modo de construcción del cuadro, basado en el equilibrio y el contraste de dos complementarios: el naranja y el azul.
Regata en Argenteuil, 1872, óleo sobre tela, 48 x 75 cm. Este boceto, realizado sin duda enteramente en el lugar, revela la atenta observación del artista, al igual que las variaciones de intensidad y cualidad luminosas según las zonas y la naturaleza de los objetos, la realidad y su reflejo, a través de una composición en espejo, coexisten en el plano del lienzo fundidos en una misma gama cromática (azul-blanco, verde-rojo). La pincelada fragmentada disolvió con sus espaciamientos el contorno de los objetos.

El siguiente video de Artehistoria nos acerca a la serie realizada por Monet sobre la Catedral de Rouen

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