sábado, 23 de mayo de 2009

El Arte Barroco: Concepto, Características

Bernini: Apolo y Dafne



EL ARTE BARROCO

Concepto

El concepto de Barroco hace referencia a la cultura europea del S. XVII y parte del S. XVIII. Es un tipo de arte con dos núcleos distintos: el norte dominado por la reforma protestante y el sur por la contrarreforma católica. A su vez responde a los intereses de dos tipos de clientes: la nobleza cortesana imperante en Europa (así como también los monarcas absolutos) y la Iglesia Católica que reclama obras de arte como elemento de propaganda de la fe contra los protestantes. Forma parte entonces de los componentes del arte Barroco, su condición de arte propagandístico (como afirmación de la monarquía absoluta y como afirmación del catolicismo en su lucha contra el protestantismo).

En sus orígenes el término “barroco” tuvo un sentido despectivo, designando lo “extraño”, lo contrario a las normas clásicas. El siglo XX lo afirmó como un estilo artístico con características propias, resignificando el término.

En mérito a ese carácter propagandístico, es un arte de persuasión, que apela a las emociones del espectador, para ello en las representaciones busca capturar el momento de mayor dramatismo, por lo que debe abandonar los principios claves del clasicismo renacentista de simetría, proporción y armonía, para recurrir al movimiento, a la asimetría, a las líneas diagonales, a los recursos escenográficos, a las formas exuberantes, al efectismo con la luz.

En líneas generales, como estilo artístico, podemos sostener que los cambios que introduce en el gusto y en la cultura artística de la Europa del Seiscientos, son el abandono de la idea renacentista del arte como representación e imitación de la realidad en un riguroso sistema de relaciones proporcionales y armónicas, y la afirmación, al mismo tiempo, de una nueva relación de naturaleza emocional con el espectador, en que el artista intenta sobre todo conmover y persuadir mediante los recursos de la imaginación que parece no conocer límites, la elocuencia, la extrema agudeza realista y sensorial de las imágenes y los más complicados y espectaculares efectos escenográficos, la interacción de todas las artes, la nueva concepción del espacio, de la naturaleza y de la renovada relación entre ésta y el hombre. Estos elementos ya se encontraban presentes en las experiencias más significativas de los primeros decenios del siglo y se convirtieron más tarde en las características de la producción artística del siglo XVII, a pesar de la presencia de aspectos muy diversos y a menudo divergentes.

Roma va a ser el centro de toda esta renovación, donde la nueva tendencia del gusto que se puede definir como barroco se impone rápidamente adaptándose, en sus manifestaciones más opulentas y fastuosas, a las exigencias de prestigio y ostentación de la sociedad aristocrática de su tiempo y sobre todo a los ideales espirituales y temporales de la corte papal. Más que en obras de pintura o escultura destacadas, los caracteres más significativos del barroco romano se manifiestan en la tendencia a la fusión de las diversas formas artísticas, en la definición de nueva estructura espacial, en las obras arquitectónicas y, principalmente, en la nueva concepción urbanística que dio lugar a una imagen unitaria de la ciudad. La imagen de la Roma barroca desde la columnata de San Pedro a la plaza Navona, plaza del Popolo, plaza de Spagna, de Santa Maria Maggiore, de Trevi y los complejos de Letrán y del Quirinal, hasta otros múltiples ámbitos urbanos, en una secuencia escenográfica y admirable que relaciona organismos monumentales y ejes viarios, fue la creación de un nutrido grupo de artistas. El prestigio de la “ciudad eterna” y la política cultural del papado, contribuyeron a una rápida y extensa difusión del barroco en Italia y en toda Europa -desde Polonia a Bohemia, desde Austria a Alemania meridional y a la península Ibérica- hasta América Latina. La primacía cultural italiana, en la Europa de principios del siglo XVII, alcanzó a los más diversos campos de la cultura, desde el teatro hasta la música, de la poesía a la ciencia y además y sobre todo a las artes visuales. En especial se difundió la nueva concepción de un espacio creado dinámicamente, sometiendo los muros a un juego de alternancias de salientes y entrantes, unas veces contraídos, otras ilusoriamente dilatados con lo que queda anulada la antítesis “interior”-”exterior”. Junto a la nueva concepción espacial se extendió el riquísimo repertorio decorativo de los artistas romanos, indisolublemente ligado a la arquitectura por los estucos, los frescos, y las tallas, también aplicado a los muebles, a los tejidos, a la orfebrería, a los montajes festivos y a la escenografía.

EL ARTE DE LO FUGAZ

A finales del siglo XVI la estética renacentista, tan apegada a la razón y a la proporción, empezaba a dar signos de claro agotamiento. En consecuencia, comenzaban a difundirse nuevos planteamientos artísticos que buscaban sorprender e incluso emocionar al espectador, apelando a las emociones y a los sentimientos.

Esa es la intencionalidad última del arte barroco que, habiendo surgido en Italia, se difundió con rapidez por toda Europa y Latinoamérica a lo largo del siglo XVII, extendiéndose incluso a las primeras décadas del XVIII. Pero, ¿cómo sorprender y emocionar al espectador? Para ello la estética barroca recurre a numerosos artificios. Así, en arquitectura es frecuente el empleo de la línea curva y la contraposición de elementos diversos; en escultura se busca el movimiento y, al mismo tiempo, el naturalismo; en pintura se tiende a la contraposición asimétrica y se acentúa el interés por la profundidad, la luz y el movimiento.

En cualquier caso, con mucha frecuencia, el arte barroco es una contraposición de elementos aparentemente contrarios: la recta con la curva, la luz con la sombra, la belleza con la fealdad, el dolor frente a la alegría. De igual manera, interesan al artista barroco las apariencias, los elementos fugaces, el desequilibrio como estado natural de las cosas, porque con todo ello el espectador se conmoverá más profundamente. A este mismo fin conduce también el sentido integrado de la obra de arte: de nuevo, y numerosas veces, arquitectura, escultura y pintura vuelven a cabalgar unidas, con la idea básica de crear un conjunto lo más amplio posible de elementos artísticos.

Pero el Barroco se desarrolla en una Europa diversa y, al mismo tiempo, dividida desde el punto de vista religioso: el triunfo de la Reforma en gran parte del norte del continente ha hecho que con frecuencia se hable de un barroco católico y de otro protestante. Es cierto que entre ambos existen algunas diferencias notables pero, en todas partes, asaltaban al artista del XVII preocupaciones semejantes, aunque sus clientelas fuesen habitualmente diferentes. En la Europa católica, la Contrarreforma hizo de las instituciones religiosas un verdadero devorador de obras de arte, que permitiesen demostrar su importancia. En los países protestantes, el triunfo de la mentalidad capitalista y de la moral del éxito en los negocios convirtió a los burgueses en grandes clientes de los artistas. Pero en todas partes, y como siempre, los poderosos del mundo demandaron al arte que diese muestras de su capacidad de dominio sobre los demás. Todo esto, y mucho más, es el arte barroco, un estilo que siempre pretendió que el espectador no se quedase jamás impasible ante lo que contemplaba. Un estilo que casi procuraba embriagar, para que fuesen los sentidos los que decidiesen al respecto. Para ello, y cuando hizo falta, recurrió al lujo, a la fantasía o al empleo de materiales sorprendentes. El arte del artificio, en definitiva. La razón había pasado a un lugar secundario.

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URBANISMO Y ARQUITECTURA.

La principal característica de la arquitectura barroca es la nueva concepción del espacio, consecuencia de la influencia contrarreformista. Como hemos visto, se va a exigir de la arquitectura su vinculación al espectador mediante la persuasión y la participación. No sólo se crea en las iglesias un ambiente válido para la exaltación de la fe católica sino que aparece un nuevo concepto de ciudad como símbolo religioso que debe también persuadir al fiel de la supremacía indiscutible de la Iglesia, además el ordenamiento urbano refleja la estructura social del absolutismo. Las perspectivas monumentales dan una amplitud indefinida a la imagen del poder, y permiten los desfiles militares y civiles y las masivas manifestaciones rituales religiosas. Las plazas se convierten en centros de referencia urbano, dominadas por un edificio principal (una iglesia, un palacio), serán decoradas con fuentes, obeliscos, estatuas y planificadas urbanísticamente para crear perspectivas impresionantes

Desaparece así la individualidad plástica de los edificios en favor de un conjunto superior: la ciudad como espectáculo, bien fuera espectáculo religioso (Roma), político (París) o ambas cosas en simbiosis (manifestaciones artísticas hispanas).
Las fachadas de los edificios se van a concebir en función del espacio que le rodea, se construye en función de la plaza, de la calle o del paisaje que se sitúa.
Desaparecen las formas geométricas, definidas en el Renacimiento para dar paso a la riqueza decorativa y a la variación óptica, conseguida esta última mediante la utilización de la luz que al incidir sobre superficies dinámicas altera su aspecto. Se convierte así la arquitectura barroca en aparente, abierta y expresiva. De nuevo la sensación viene a suplir a la razón

Características

Estos serán sus elementos:
- La línea curva, dinámica es la dominante, elipses, parábolas, hipérbolas, cicloides, sinusoides, hélices, sustituyen al perfecto equilibrio del medio punto romano.
- Abundancia de arcos formas variadas.
- Uso de diferentes tipos de cúpulas.
- Uso de soportes dinámicos: el fuste de las columnas se retuerce (columna salomónica) y a veces generan por su forma especial sensación de inestabilidad, soportes extremadamente estrechos en su parte inferior (estipite barroco); uso de cariátides, de pilastras.
- Abundancia de elementos decorativos: los frontones se parten y adquieren formas curvas o mixtilineas, abundancia de nichos, hornacinas, ventanales con forma ovoide (oculi) enmarcados... - Los muros pierden el sentido plano y se curvan dejando de cruzarse en ángulo recto, buscando todo tipo de perspectivas y efectos luminosos.
- Aunque se mantiene la tradicional planta rectangular (planta jesuítica), aparecen las plantas elípticas, circulares y mixtas.

Será ahora la arquitectura quien gobierne la dirección de la plástica. La escultura y la pintura se acogerán a ella, llegándose a una verdadera simbiosis de las artes. El arquitecto barroco deseará crear la ilusión de espacio en el interior de las cubiertas del edificio, porque se pretende que el cielo invada el ambiente templo. La cúpula, uno de los máximos logros renacentistas seguirá utilizándose en su apariencia externa, pero su interior se utilizará como espacio para disponer un torbellino de figuras que pintadas sobre ella parecen ascender al infinito. La pintura al fresco, junto con toda suerte de estucos y dorados que crearán una ilusión espacial nueva cobran un nuevo empuje.
La arquitectura ocultará las estructuras fundamentales mediante enlucidos, relieves e ilógicos soportes. Italia se pondrá a la cabeza de las manifestaciones arquitectónicas, Francia será la creadora del palacio barroco y su interés por los espacios lúdicos se plasmará en maravillosos jardines poblados de fuentes y estatuas y España, a pesar de la pobreza de materiales empleados destacará por su exuberancia decorativa.

6 comentarios:

  1. Saludos desde Argentina, tus definiciones de arte y arquitectura me sirvieron de mucho. Suerte.

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  2. El arte es todo aquello que se interpreta, es ideal,estratégico en sus formas de perspectiva,con una función principal que es impresionar y construir nuestros sentidos.

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  3. los temas son......suelen pintar v.........modelos llenos de t......

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  4. Muchas gracias por las definiciones, han sido las mas completas que he encontrado.

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