sábado, 15 de mayo de 2010

EL ARTE MAYA

El presente trabajo forma parte del libro de próxima aparición "De Altamira a Versailles" (tomo 1: De los orígenes a Bizancio), realizado por los profesores Mónica Salandrú y Fernando Rodríguez Compare, estando actualmente en proceso de edición (Ed. Monteverde)

EL ARTE MAYA DURANTE EL PERÍODO CLÁSICO (300-900 d.C.)

Los mayas fueron los creadores de la civilización mesoamericana con mayores logros en arquitectura, escritura, astronomía y cálculos calendáricos.

Habitaron una región que incluye los actuales Guatemala, Belice, sureste de México y occidente de Honduras y El Salvador. Este territorio comprende tres diferentes zonas ecológicas: una zona tropical conformada por las selvas de Chiapas, Tabasco y Petén (tierras bajas), una región alta compuesta, al norte, por planicies secas donde el gran problema es el agua (Yucatán), y al sur bosques de clima que varía de templado a frío, según la altura (tierras altas de Chiapas y Guatemala).
En estos dispares escenarios, la agricultura se practicó con sistemas distintos, tales como la milpa para ganar terrenos cultivables a la selva, o como la construcción de canales para drenar zonas pantanosas y convertirlas en tierras de labranza altamente productivas.
A pesar de la variedad ambiental, surgió en todas las zonas un complejo sistema de ciudades-estado estructuradas en torno al poder de una elite en la que los sacerdotes tenían un rol relevante, y que era la cúspide de una sociedad altamente estratificada.

Los antecedentes: el mundo maya del preclásico

Ya durante el período preclásico los mayas desarrollaron centros ceremoniales con importantes pirámides escalonadas y otras estructuras piramidales, una gran variedad de cerámicas y figurillas de arcilla, brillantes estucos para decorar las paredes de sus edificios, tallas en piedras monumentales que inauguran el arte narrativo tan frecuente luego en el clásico. Y hacia el final del preclásico se ubica la creación de sofisticados sistemas de escritura y calendáricos.
Los restos arqueológicos revelan una profunda relación entre la civilización olmeca y las culturas mayas de este período.
Destacan Izapa y Kaminaljuyú en las tierras altas, aunque Uaxactún y Tikal, en las tierras bajas del Petén, ya habían iniciado su proceso histórico también en esta etapa.
Sentaron las bases de un arte que se caracterizó por estar estrechamente vinculado a la política y la religión. Sus producciones arquitectónicas, escultóricas y pictóricas están básicamente ligadas a fines ceremoniales y a la celebración del poder de sus soberanos.

Palenque

Las principales ciudades mayas del Clásico

En el siglo II d.C. decayeron las culturas de las tierras altas de Guatemala y el centro del progreso se trasladó a la región central del Petén, donde empezó a cobrar forma el período Clásico Temprano (300-600 d.C.). Tikal (el nuevo centro más influyente) y Uaxactún derivaron su arquitectura, relieve e iconografía, de los logros alcanzados durante el período anterior.
Entre los siglos III y VI d.C. las relaciones con Teotihuacán fueron muy intensas. Las estelas muestran como las elites adoptaron modos de vestir y costumbres funerarias teotihuacanas. También en la arquitectura se hizo sentir su influencia, con la adopción del sistema de talud-tablero, aunque con variantes locales.
A partir del siglo VI decae la preeminencia de Tikal, esta se transforma en una ciudad más entre varias ciudades importantes: Uxmal, Palenque, Yaxchilán, Piedras Negras, Copán, Bonampak, entre otras.
Estos centros, ubicados en regiones periféricas (Chiapas, cuenca del río Usumacinta, Belice y las tierras bajas meridionales) empezaron a restar poder económico y empuje cultural a las zonas centrales.
Entre el 600 y el 900 d.C. se desarrolla el período de mayor esplendor maya, conocido como Clásico Tardío.

La arquitectura maya

Durante mucho tiempo se sostuvo que las ciudades mayas eran meros centros ceremoniales, habitados sólo por sacerdotes y gobernantes. El avance de los trabajos arqueológicos ha venido demostrando que muchas de ellas fueron habitadas por varios miles de personas, en conjuntos habitacionales alejados del cuerpo central de edificaciones. Y también operaron, al tiempo, como núcleos religiosos y administrativos para pobladores de aldeas dispersas en los alrededores. Sí está claro que, a diferencia de Teotihuacán, estos emplazamientos prestaron mayor atención a los aspectos ceremoniales que a los estrictamente urbanos.
Una ciudad maya típica estaba integrada por una serie de plataformas escalonadas, coronadas por superestructuras de mampostería ubicadas alrededor de una plaza. En Tikal y otros grandes centros, varios de estos complejos estaban unidos por calzadas, primando un agudo sentido de la proporción y el diseño y el cuidado de los detalles. La masa y el volumen de cada edificio están calculados en función de la masa y el volumen de cada uno de los edificios contiguos. Los escalones y la decoración se utilizaban para dotar de equilibrio al conjunto. También aparecen calzadas, los sacbé, uniendo centros urbanos entre sí, utilizadas por los peatones y los Señores, que eran transportados en literas. Muchas de ellas tenían entradas monumentales con “arcos de triunfo”.
Las estructuras más grandes eran los altos templos piramidales escalonados (en promedio su altura osciló entre 40 y 50 metros), construidos con bloques de piedra caliza tallados que revestían un núcleo de mampostería. También utilizaban la piedra caliza desintegrada a la que le aplicaban un proceso de calor y batido con el que lograban propiedades similares al cemento, y así la aprovechaban para acabados en las fachadas o para unir piedras.


En muchos casos se aprovechaban los desniveles del terreno, integrando así la construcción con el entorno natural. A diferencia de las pirámides teotihuacanas, las mayas estaban construidas en un solo cuerpo con una extensa y empinada escalinata que unía la plataforma inicial con el santuario de la cúspide, utilizado para las ofrendas. Generalmente estos tenían un espacio interior ínfimo, ya que lo que se jerarquizaba era el aspecto exterior de las altas pirámides.
Las fachadas de los templos se decoraban con relieves de estuco pintados o con tallas directas sobre la piedra. De todas las civilizaciones precolombinas, son los mayas quienes más utilizaron la escultura en la decoración arquitectónica. Sobre el techo del santuario, en la cima, se elevaba una “cresta” maciza que sólo servía para añadir mayor superficie ornamentada a la fachada.
Esta arquitectura de “fachada” caracterizó fundamentalmente a los centros del Petén. Y la variante la viene a introducir Palenque, centro maya de la región de Chiapas, al incorporar en el santuario dos bóvedas paralelas con un muro central en el que se ubicó una crestería mucho más ligera y recortada.
Además de las variantes constructivas, también se dan variantes regionales en la decoración, lo que ha dado lugar a la existencia de varios estilos. Algunos se caracterizan por excesos ornamentales, lo que ha llevado a sostener que una de las características generales de la decoración maya es el “horror al vacío”. Algunas regiones utilizaron frisos y otras no, ocurre lo mismo con las columnas, mientras en algunos centros proliferan, en otros son inexistentes. También varían los motivos utilizados, mientras algunos recurren a motivos tomados de la naturaleza y a la figura humana (los centros ubicados en las zonas selváticas), otros utilizan diseños geométricos (los centros de la península de Yucatán, allí desaparece la figura humana).
Varios de los centros mayas incorporaron templos con fosas sepulcrales debajo del piso, tal el caso del Templo de las Inscripciones en, y de varios templos de Tikal.
Además de los templos, otras estructuras típicas de las ciudades mayas eran los palacios. Se construían también sobre plataformas, más bajas que las de los templos, y se componían de muchos cuartos con escasa luminosidad interior por falta de ventanas. Se los ha considerado residencias de las elites, religiosas y políticas. Algunos, como el Palacio de Palenque, parecen haber servido de centro para las diversas ceremonias reales y no para la familia del soberano.
Un rasgo característico de la arquitectura maya, que no aparece en otras civilizaciones mesoamericanas, es la denominada “bóveda de saledizo”, o falsa bóveda y/o falso arco, presente sobre todo en los palacios. Para su construcción se elevaban las paredes de mampostería hasta la altura deseada, para comenzar a cerrar la bóveda se colocaban piedras planas cada vez más próximas hasta que sólo quedaba espacio para una única piedra de coronamiento. Se lograba así un efecto de cubierta abuhardillada, reproduciendo los techos a dos aguas de las chozas de los campesinos, tan necesarios en las zonas tropicales.
Estas bóvedas de piedra requirieron para sostenerlas de gruesos muros por lo que los espacios interiores eran pequeños en proporción a toda la estructura, oscuros y poco acogedores.

Otras de las estructuras comunes en los conjuntos urbanísticos mayas eran las canchas de pelota. Esta estructura tenía una planta en forma de I y se rodeaba de rampas escalonadas que la unían a plataformas ceremoniales o a templos pequeños. Estas canchas aparecen en todos los grandes centros ceremoniales. El juego de pelota parece haberse iniciado en el área olmeca y se difundió por toda Mesoamérica. Cumplía un rol ritual y también político. Simbolizaba la lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, dualidad tan presente en la cosmogonía maya. Y la pelota representaba el paso de los astros y el sol como fuente de vida.

También es de destacar en las construcciones mayas, la inexistencia de un estilo arquitectónico vinculado de manera exclusiva a las estructuras religiosas, que las diferenciara de las civiles. Toda la arquitectura maya se componía de plataformas elevadas, de escalinatas, de un predominio casi absoluto de la línea recta en el exterior, y de cámaras con bóvedas falsas en el interior. No siempre es fácil la identificación precisa de la función.

Por último señalemos otro rasgo distintivo en la arquitectura maya: la selección cuidadosa de los emplazamientos de sus edificios atendiendo la conveniencia para la observación astronómica. A vía de ejemplo citemos el Grupo E de Uaxactún, construcciones que se ha comprobado oficiaban de observatorios debido al preciso posicionamiento del sol por los templos pequeños cuando se los ve desde la pirámide durante los solsticios y equinoccios, usando la estela situada en sus inmediaciones como referencia.

La escultura

Destacaron los mayas en la escultura, y en particular en el relieve. Ya fuere sobre estuco, madera o piedra, los relieves mayas estuvieron presentes en exterior e interior de templos y palacios y en las estelas y altares de plazas y alrededores de los edificios.
Encontramos desde obras monumentales a miniaturas. Pero sin duda el trabajo en piedra es el más característico. Ligadas a rituales y al poder político, las representaciones fueron de dioses, muy complejas y estilizadas, o de nobles y jefes, con elaborados tocados y vestimentas.
También la escultura monumental maya estuvo marcada por estilos regionales. La plasticidad decorativa de la zona selvática, a la que aludíamos más arriba, encontró en el estuco el material más apropiado para la exuberancia de formas sinuosas con que adornan la figura humana. Los gobernantes son el tema recurrente en Copán, Yaxchilán, Piedras Negras, Palenque. En cambio en Yucatán, la sobriedad de los elementos geométricos y las máscaras de Chac (el dios de la lluvia) fueron tallados sobre piedra y formaron parte de la arquitectura, ya que constituían su decoración. En las tierras secas de esta región se le restó importancia a la representación humana, se le rindió homenaje fundamentalmente a Chac, proveedor de las lluvias.
Los relieves adornaban sobre todo dinteles de puertas, paneles de estuco o de piedra caliza de grano muy fino en los templos, escaleras y hasta techos. Independientemente del material, siempre se coloreaba la superficie.
Los altares, tan significativos en el área olmeca, tuvieron también entre los mayas la función de tronos, y eran representaciones animales, generalmente de felinos, que transmitían un mensaje de unión entre la naturaleza y los soberanos.
Las estelas ocuparon un lugar central, constituyeron monumentos de piedra esculpidos con retratos de gobernantes y escritos de sus hazañas. Son por tanto el soporte de un arte de carácter narrativo generador de documentos valiosísimos para el conocimiento de esta civilización.
Copán y Quiriguá son los centros donde las estelas sobresalen por sus altorrelieves, pasando de la mera frontalidad a una casi tridimensionalidad. En Copán los retratos de gran tamaño de soberanos erguidos eran casi exentos.
Los mayas fueron también exquisitos artífices de objetos de pequeño tamaño. La mayoría procede de tumbas reales y aportan información sobre los individuos con los que fueron enterrados. Trabajaron el jade, el hueso, la madera, dieron numerosas formas al sílex y la obsidiana. No encontramos el trabajo del metal.
De la Isla de Jaina, cerca de la costa de Campeche, México, proceden una enorme cantidad de estatuillas hechas en concha, a veces con incrustaciones en piedras o minerales, y figurillas de arcilla realizadas con moldes o a mano, policromadas, representando una gran variedad de tipos sociales de gran realismo y perfecto equilibrio plástico. Muchas de estas obras son a la vez silbatos, ocarinas o sonajas y no superan los 30 centímetros de altura. La isla debió de funcionar como necrópolis y estos objetos constituían ofrendas.

Pintura mural y Cerámica

La pintura en muros interiores y exteriores fue muy frecuente, pero se han conservado escasos fragmentos. Se pintaba con colores brillantes sobre una capa de estuco húmeda, se trata de colores planos, sin perspectiva, pero aún así lograron brindar la ilusión del espacio al colocar las figuras en diversos planos. Se repasaban los contornos con rayas negras o rojas. Las caras se trazaban de perfil.
Los frescos mejor conservados son los de Bonampak, en Chiapas. Datan del siglo VIII y cubren muros de tres cámaras. Se trata de una obra unitaria en la que centenares de mayas celebran a un heredero de la dinastía gobernante. Destaca la naturalidad en la representación así como el predominio de la mancha sobre la línea. La narración sigue un orden cronológico donde se da cuenta de la presentación del niño y de fiestas en su honor, también se representa una batalla, víctimas sacrificiales, cautivos desnudos y humillados, una franja a modo de cielo alberga astros y constelaciones, y mujeres de la realeza hacen un acto de contrición haciéndose pasar sogas y espinos por la lengua. Constituyen un valioso documento para el conocimiento de vestimentas, armas, instrumentos musicales, costumbres y ceremonias.
También se conservan fragmentos de otros frescos en Uaxactun, Palenque, Coba y Chichén Itzá.
En lo que respecta a la cerámica, ésta fue en general policromada y aparece mayoritariamente formando parte de ajuares funerarios. En el Clásico Temprano (300-600 d.C.) revela una marcada influencia de Teotihuacán, tanto en forma (vasos trípodes) como en motivos y técnica (como por ejemplo el estucado en la superficie). Igualmente presentaron aspectos originales, manejaron una nutrida gama de colores, representaron frecuentemente al jaguar, las aves, dioses (Chac aparece con frecuencia), la figura humana.
En el Clásico Tardío (600-900 d.C.) las escenas pintadas en la cerámica representan un mundo sobrenatural, celebración de sacrificios o danzas de dioses, por ejemplo. Se trata de recipientes, pintados en negro o marrón sobre un engobe de color crema o naranja y con una cenefa roja en el borde con glifos. Se ha bautizado a esta tradición como estilo “códice”, por su semejanza con las páginas de los códices.

El fin del clásico maya

A finales del siglo IX, se produjo un colapso en los centros mayas, los que comenzaron a despoblarse para ser por último abandonados y cubiertos por la selva.
Entre posibles explicaciones se maneja agotamiento agrícola, desmedido crecimiento demográfico, rivalidades militares entre las regiones, invasiones de pueblos del norte, impacto del colapso de Teotihuacán. Seguramente fue un proceso multicausal el que desencadenó el hundimiento maya. Lo cierto es que a finales del clásico la cultura maya incorporó nuevas pautas introducidas por grupos toltecas y derivó en una nueva fase de auge en el Posclásico, diferente del esplendor de estos siglos.

EL POSCLÁSICO MAYA (900-1500 d.C.)

A fines del siglo XI o principios del XII, una oleada de toltecas ocupó Yucatán estableciéndose en Chichén Itzá. Impusieron mediante el predominio de una casta guerrera extranjera, nuevas deidades, variaciones en las técnicas constructivas, y temáticas y estilos nuevos en el arte. Se produjo entonces una cultura híbrida que modificó muchas de las pautas culturales mayas clásicas. Kukulkán, nombre maya para Quetzalcóatl, fue venerado en el templo que se alza sobre “El Castillo”, pirámide escalonada de nueve niveles, conectada con el calendario solar ya que tiene 365 escalones y las escalinatas separan cada fachada en 18 cuerpos, número de meses del año. En los equinoccios los nueve niveles de la pirámide proyectan una sombra que revela una serpiente segmentada en la balaustrada septentrional.Tanto la numerología como la orientación del edificio expresan el año solar.

Estructuras como las de El Caracol o el Templo de los Guerreros tienen fuerte influencia tolteca. Al igual que en Tula, encontramos en Chichén Itzá columnas con serpiente, chacmool y pilares con guerreros. No obstante, son muchos los aspectos constructivos mayas que se conservan.
La cancha de juego de pelota es la más grande de toda Mesoamérica. El terreno de juego supera los 146 m de largo y los 36 m de ancho, a diferencia de casi todas las canchas del período clásico, ésta tiene las paredes laterales verticales.
Observatorio astrónomico conocido como El Caracol. Su nombre deriva de la forma de su planta y de su centro, que parece reproducir deliberadamente el corte de una concha. Bóvedas concéntricas conducen a una cámara situada en el piso superior a través de una escalera de caracol. Tanto la sillería como el abovedado son de gran calidad. Estudios recientes han demostrado que tanto su forma como la ubicación de sus aberturas permiten la observación de los movimientos de Venus.

Este predominio tolteca ya no existe hacia el siglo XIII. Un nuevo estado maya dominante se estableció alrededor de la ciudad de Mazapán, en el norte de Yucatán. Este dominio se fragmentó alrededor de 1450 y 16 pequeños estados rivales comenzaron peleas por la hegemonía. Esta fue la situación que encontraron los españoles cuando comenzaron la conquista de Yucatán en 1528.
En lo que respecta al arte, en los dos últimos siglos antes de la llegada de los europeos se había dado en el área un retorno de ciertos patrones clásicos mayas, sobre todo en la cerámica y en la decoración de los edificios.

1 comentario:

  1. Muy Bueeena informacion:E , Menos mal qe la entiendo

    ResponderEliminar