domingo, 6 de junio de 2010

Juan Manuel Blanes, un historiador rioplatense

Tomado del libro de Jorge López Anaya, "Arte argentino. Cuatro siglos de historia (1600-2000)"

Desde sus inicios en la pintura como autodidacta, el uruguayo Juan Manuel Blanes (1830-1901) dedicó gran parte de sus esfuerzos a los temas históricos del Uruguay, la Argentina y Chile. De 1851 es La Revista de la retirada del Ejército sitiador o Revista del General Oribe. El óleo, que representa el desfile militar de los soldados de Oribe, en el Arroyo de la Virgen, posiblemente es su pintura de tema militar más antigua.
En diciembre de 1856 viajó a Entre Ríos y se radicó en Concepción del Uruguay. Muy pronto se convirtió en el protegido del general Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina, quien le encomendó la realización de ocho cuadros que representaran sus batallas épicas, con destino al Palacio San José.
En 1860, una ley otorgó a Blanes una pensión para estudiar en Europa. Se instaló en Florencia para recibir lecciones de Antonio Císeri, pintor de historia y retratista (académico).
Blanes se reincorporó al Río de la Plata en 1864 con un buen dominio de los recursos académicos y con una habilidad consumada. En diciembre de 1871 expuso en el foyer del antiguo Teatro Colón de Buenos Aires su tela Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires, que evoca la tragedia que cobró cerca de catorce mil vidas en Buenos Aires, y sembró el terror en los barrios del sur. La escena, pintada poco después de los hechos, representa el momento en que los doctores Roque Pérez y Manuel Argerich, presidente y vocal, respectivamente, de la Comisión Popular para la lucha contra la fiebre (ambos muertos víctimas de la enfermedad), ingresan en una habitación de un conventillo. Se ven sus figuras recortadas por un dramático contraluz producido por la puerta abierta. Una mujer joven yace muerta en el suelo en medio de un gran desorden, mientras un parvulo pugna por alimentarse de su pecho. Completan la escena un muchacho descalzo que se rasca un pie con el otro y un hombre yacente en un camastro con un baúl debajo de él. Afuera de la habitación, en la acera, apenas visibles, hay dos extraños personajes con una botella puesta en el suelo, junto a un cajón. Todo en la alcoba es viejo, desgastado, pobre. El episodio parece haber ocurrido en realidad, el 17 de marzo de 1871, en un conventillo de la calle Balcarce.
Esta tela le deparó un enorme éxito al pintor. Schiaffino afirma que "el cuadro de Blanes no fue conducido en andas ... pero el pueblo entero, hombres, mujeres y niños, marchó en procesión a admirar la peregrina obra. Durante algunos días, la población desbordada rodeó el cuadro como una marea hirviente y rumorosa".
Más adelante el historiador señala que "a Juan M. Blanes corresponde la honra de haber sido el precursor de los pintores de historia en las márgenes del Plata; y sobre todo, habrá tenido este gran mérito: el de ser el primer artista "casero" que haya realizado una hazaña inaudita y portentosa: la de infundir confianza a nuestros gobiernos, quienes le encomendaron en diversas ocasiones la ejecución de obras importantes". Está documentado que Buenos Aires solicitaba sus cuadros para exhibirlos con fines de beneficencia, se pagaba "para verlos". Con ese destino fue traído El Juramento de los Treinta y Tres Orientales (1878), cuadro consagrada al desembarco del General Juan Antonio Lavalleja y sus hombres, el 19 de abril de 1825, para iniciar la resistencia contra la ocupación de la Banda Oriental por parte del Imperio del Brasil. Es evidente que Blanes se convirtió en el ideal del artista erudito de fines de siglo XIX con su fidelidad a la escena, a los personajes, a las vestimentas, a la reconstrucción histórica, a la teatralidad de los gestos. La elite de la intelectualidad argentina - Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Domingo Faustino Sarmiento, Eduardo Wilde, Justino Carranza - lo admiró.
Este período, que finaliza con el segundo viaje a Europa, en 1879, es el más característico de la obra de Blanes. Abundan las telas de motivos históricos, los retratos de personajes heroicos y los cuadros de documentación social. Obsesionado por representar los hechos significativos de la historia, pintó La muerte del general Venancio Flores (1868) y El asesinato de Florencio Varela (1879). Gran parte de los motivos costumbristas que representan gauchos y paisanos rioplatenses fueron realizados en esa época.

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