martes, 25 de agosto de 2009

EL MODERNISMO ESPAÑOL: ANTONIO GAUDÍ

Dentro del panorama de la arquitectura modernista española destaca especialmente la figura de Antonio Gaudí (1852-1926), aunque en realidad su obra es tan original que, en muchos aspectos, no resulta fácil someterla a clasificación alguna. Esta obra se vincula a un personaje y a un edificio. El personaje es Eusebio Güell, un exitoso industrial cuya fortuna le permitió encargar a este arquitecto numerosos proyectos, actuando casi como los mecenas de épocas anteriores. El edificio, no cabe duda, es el templo de la Sagrada Familia, aún hoy inconcluso, de cuya dirección de obras se encargó Gaudí a partir de 1883 y que ejercería hasta su muerte.

Superada una primera etapa de corte historicista, la obra de Gaudí se caracteriza por desvincularse de las corrientes de su época y adentrarse en una gran originalidad: formas diversas, innovaciones como el arco parabólico, empleo de multitud de elementos artesanales (entre ellos, las vidrieras o la forja), plantas libres, tendencia a la imaginación y búsqueda de la sorpresa, recursos expresivos o interés por el dinamismo. Su labor se extendió también al diseño del mobiliario de algunos de los edificios que proyectó.

Decoración en la escalera central del Parque Güell


Con todo ello, Gaudí dio a Barcelona (y a Cataluña, en general) uno de sus elementos más distintivos, configurado en torno a los edificios emblemáticos que levantó; además de la Sagrada Familia, la Pedrera (o casa Milá), la casa Batlló, o el Parque Güell son excelentes ejemplos de la obra de un arquitecto de creatividad desbordante que supo aunar de manera personalísima recursos técnicos, destrezas artesanales e imaginación, casi como sólo saben emplearla los niños.

Casa Milá: 1905-1910




Se conoce popularmente como Pedrera, que en catalán significa cantera. Sin duda, por su forma ondulante y realizada en piedra, recuerda a esto.
Combinación de materiales: Los materiales usados, piedra natural y azulejo blanco para zona de azotea, nos recuerda a una montaña con su cúspide nevada.
Forja: El modernismo se caracterizó por una gran relevancia a las artes, mal llamadas hasta ese momento, menores. La forja, la yesería, forman un conjunto con la obra arquitectónica diseñada por el catalán para convertir a la Pedrera en una escultura.
Pisos: Gaudí erigió una casa sin paredes estructurales, ya que estaba configurado con forjados de viguetas metálicas y bóvedas pequeñas. Es decir que los pisos interiores se podrían estructurar como se quisiera; se podían mover tabiques o eliminarlos, ya que la única parte esencial de la obra era la caja de escalera.
Azotea: La azotea, accesible para visitar, es lo más impotente. Con un suelo ondulante, erige varias chimeneas a modo de grandes guerreros, cubiertos de cerámica siguiendo la técnica del trencadís. Es decir, trozos de cerámica cortados de forma irregular que han llegado a ser la seña personal del autor, como vemos en el parque Güell.
Interior: Lo que diferencia a Gaudí de otros arquitectos modernistas, es que él ponía énfasis también en el diseño de interiores, en las estancias.
Curva: Los elementos abstractos, curvos y ondulantes son los que más se evidencian en la construcción. Pertenece a su segunda etapa constructiva, cuando hacía obras más coloristas. Además, es su última construcción civil antes de embarcarse en pleno en la Sagrada Familia.


La Sagrada Familia



“Antonio Gaudí, el excepcional arquitecto modernista catalán, ocupa una posición privilegiada dentro de este movimiento, que tuvo unas características muy diferenciadas en las distintas regiones y países. En lugar de contentarse con la decoración superficial, Gaudí veía la casa como una escultura arquitectónica, a la que dio una forma completamente plásticas, las fachadas se convirtieron en superficies porosas y agitadas que tenían el aspecto de peñas escarpadas, adornadas o labradas, las ventanas de entrada de cuevas, los tejados de arrecifes de coral, cubiertos con mosaicos abstractos a base de cascos de vidrio o de arcilla. En 1883 el arquitecto recibió el encargo de continuar la construcción de la Iglesia de la Sagrada Familia, a partir del proyecto de Francisco de P. Villar, empezada en estilo neogótico. Gaudí lo hizo en una interpretación y transformación propia del gótico, mezclado con elementos árabes; sin embargo, no pudo terminar la obra antes de su muerte acaecida en 1926. Su idea era la de una arquitectura total, extensa y a la vez individualista. El hecho de apartarse de la idea convencional del espacio interior y exterior, de descomponerlos y en su lugar, de introducir una estética nueva ideada de forma inteligente, fue progresista, el hecho de utilizar para ello un grueso revestimiento de piedra en las construcciones de acero. Además, la desbordada elaboración artesanal de sus edificios, en los que quiso precisar todos y cada uno de los detalles y en los que no dejó ni paredes ni ángulos rectos como en los apartamentos de lujo de la case Batlló o de la casa Milá, no podía marcar la pauta en la urgente necesidad de viviendas, una de las tareas principales de la arquitectura del siglo XX.” (extraido de Gympel, Historia de la arquitectura)

EL MODERNISMO (TÉRMINO USADO EN ESPAÑA). ART NOUVEAU (TÉRMINO USADO EN FRANCIA Y EN MONTEVIDEO)

El modernismo surge por la evolución del eclecticismo y el historicismo. Es un arte burgués, muy caro, que intenta integrar en la arquitectura a las artes decorativas. El modernismo es una corriente esencialmente decorativa, aunque posee soluciones arquitectónicas originales. Se desarrolla a caballo entre los siglos XIX y XX. (1890-1910). Es un fenómeno que afecta al diseño en general: arquitectura, mobiliario, joyería, etc.
El modernismo deja de lado las soluciones que la revolución del hierro y del cristal aportan a la arquitectura, aunque se sirve de la industria para la decoración de interiores y las forjas de las rejerías, etc. Sus formas son blandas y redondeadas, aunque no es esto lo característico del modernismo, sino la profusión de motivos decorativos.
Revalorizan toda la producción artesanal: carpinteros, herreros, rejeros, vidrieros, etc.
El modernismo como tal, nace en Bélgica de la mano de Van de Velde y Víctor Horta, y tanto en Bélgica como en París se llama art nouveau. En Viena recibirá el nombre de “secesionismo” y en Inglaterra hablaremos del movimiento Arts and Craft, lo mismo que en EEUU, en Escocia de la escuela de Glasgow y la obra de Mackintosh, en Italia estilo Liberty o floreal, en Alemania el Jugendstil.
Todos comparten el afán innovador, pero plantean soluciones muy disímiles, por esto se habla que no constituye un estilo sino un movimiento que buscó derribar el orden establecido en las bellas artes y en las artes aplicadas.
El modernismo es un movimiento estético típicamente urbano. Busca unas formas más refinadas que las ofrecidas por la producción industrial, compaginando funcionalidad y belleza en un intento de crear una ciudad agradable, elegante, moderna y alegre. Es una manifestación burguesa con un fuerte componente ornamental inspirado en la naturaleza, la flora y la fauna.Rechazan los esquemas simétricos en pro de lo ondulado, que transmite vitalidad, fuerza, asimetría e irregularidad. Se intenta expresar un componente de optimismo, que corresponde al estado psicológico de la clase social. Adquiere gran importancia el diseño y el deseo de integración de todas las artes, lo que convierte a los edificios de arquitectura modernista en obras muy atractivas.

En cuanto a los planteamientos arquitectónicos se trata de utilizar los nuevos materiales hasta las últimas consecuencias, no sólo por su utilidad espacial sino también por sus posibilidades expresivas. En lugar de copiar las formas clásicas (columnas, frontones, etc.) se busca la inspiración en los procesos y las formas de la naturaleza. Esta admiración por la naturaleza no se limita a la decoración sino también a la planta y a la estructura del edificio, concebido como un organismo vivo coherente en todas sus partes.

Víctor Horta (Bélgica) Víctor Horta es el pionero en Bélgica y en toda Europa. La Casa Tassel en Bruselas es el monumento más representativo, supone una reinterpretación global de la visión espacial y un diálogo continuo entre la flexibilidad del hierro y la dureza de la piedra. El hierro se muestra y añade expresión a la estructura. Los soportes metálicos se dejan vistos, así la espacialidad se hace más abierta, más fluida, lo ingrávido triunfa sobre lo compacto. Horta estaba muy interesado en el mundo vegetal, en la estructura de las plantas y en la lógica constructiva. Esto lo traslada a su decoración, pero nunca representando explícitamente el mundo natural, sino guiándose por alusiones, sugerencias y evocaciones. Como por ejemplo, la delgadez de sus fustes (tallos de las columnas), su posterior desarrollo (ramificación), sus incursiones por el techo y el descenso (enredadera) por la barandilla.

Horta empleó el acero, la última innovación tecnológica a finales del siglo XIX, como material para sus estructuras. Pero prefirió exponerlas en lugar de ocultarlas, y lo hizo de un modo orgulloso y desafiante.

LA CASA TASSEL.
El primer edificio que refleja el código-estilo del Art Nouveau fue esta casa unifamiliar construida en Bruselas por Víctor Horta entre los años 1892-93. Se inserta en un solar estrecho y profundo. Para iluminar los ambientes interiores estaba previsto un pequeño recinto de igual forma y dimensiones que el vacío que alberga la escalera principal, iluminada por un gran lucernario y que da lugar a un segundo patio de luces. La estructura es de esqueleto metálico, totalmente visible en el interior, mientras que en la fachada se pone de manifiesto solamente en la parte central acristalada.
La distribución de la casa se realiza en dos sectores:
1.-el servicio por la escalera principal, que relaciona el vestíbulo con los dos grandes ambientes superiores con vistas sobre la calle.

2.-el lado del jardín, servido por una escalera secundaria.
El salón, perteneciente a este segundo sector del edificio, tiene una cota superior a la del vestíbulo de entrada, de forma que se obtiene una dinámica del espacio interno que contrasta con la superficie estrecha de la parcela.
El alzado principal repite, como elemento dominante, el bow-window de las casas contiguas. Sin embargo se diferencia sensiblemente de los otros por su desarrollo curvilíneo que, en dos de los tres pisos de la casa, enlaza con los paños laterales del alzado. Este cuerpo central presenta en el primer piso una serie de ventanas separadas por pequeñas columnas de piedra y, en el segundo, balcones altos de forjado a forjado, ligeramente retranqueados y protegidos con una barandilla de hierro. En el tercer piso el bow-window se convierte en una terraza, continuando las tres aberturas, pero ahora en el plano de la pared. Están presentes en la fachada muchos elementos poco corrientes, pero es en el interior donde se manifiesta más claramente la afirmación de la nueva tendencia figurativa. Un nuevo sentido unitario liga los elementos estructurales a los visuales, en particular, en la escalera principal, que presenta completamente a la vista todo su armazón metálico. De ella se desgajan molduras curvilíneas de hierro para formar barandillas y motivos decorativos; a estos elementos, que determinan con su desarrollo sinuoso una definición muy particular del espacio, corresponden formas análogas trazadas sobre los planos, como el diseño de las vidrieras y de los mosaicos de los pavimentos. Así pues, la articulación cóncavo-convexa propia del gusto del Art Nouveau está presente tanto en el volumen de la escalera y, por tanto, en el vacío del espacio, como en las líneas que la estructuran y también en los puntos del serpenteante mosaico del suelo.
La casa Tassel se considera como la primera obra moderna completamente libre de derivaciones historicistas; como la primera realización arquitectónica donde adquieren un significado expresivo las exigencias constructivas de la nueva técnica del hierro, y como el primer edificio que inspirándose en el código-estilo del Art Nouveau fue un gran promotor de “mensajes”. Ha de mencionarse, en fin, una característica de esta obra ya subrayada por la crítica de la época: su perfecta adaptación al propietario, el señor Tassel, profesor de geometría descriptiva en la Universidad de Bruselas.

CONCLUSIONES.

- Por su planta original: Horta reemplaza el pasillo usual que existía en Bélgica por un vestíbulo octogonal con una gran escalera que lleva a los distintos aposentos, situados a distintos niveles. Esta articulación abandona la normal distribución en un mismo nivel.
La casa Tassel se compone de tres plantas:
1.- en el primer piso se encuentra vestíbulo, guardarropa, sala de estudio, sala, salón de estar.
2.- en el segundo piso se encuentra antecámara, dormitorio, sala.
3.- en el tercer piso se encuentra las habitaciones de servicio, sala de trabajo.
- Horta introdujo el hierro en la vivienda, empleándolo como material de construcción y, simultáneamente, para los ornamentos lineales y flexibles.
- El gran jardín de invierno del piso bajo es sostenido por un esqueleto metálico visto, montantes elegantes soportan la escalera y son típicamente decorativas las barandillas de escalera y balcón.
- La casa ofrece un impresionante surtido de formas bidimensionales que rebasan las exigencias constructivas y se basan en un exacto estudio de plantas y flores.
- Los techos acristalados, que dejaban pasar la luz a los pisos inferiores, crean una ampliación vertical.
- La casa posee espejos enfrentados que multiplicaban las habitaciones hasta el infinito.
- La realización del apoyo, el punto sensible donde la piedra y el hierro se engarzan formando una articulación.
FICHA TECNICA
NOMBRE DE LA OBRA: CASA TASSEL
ARQUITECTO: VICTOR HORTA
UBICACIÓN: BRUSELAS, BÉLGICA
FECHA DE REALIZACIÓN: ENTRE LOS AÑOS 1892-1893
MATERIALIDAD: CONCRETO Y HIERRO
MANDANTE: SR. TASSEL, PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE BRUSELAS
FIN DE LA OBRA: CASA,VIVIENDA

Tomado de www.arquitectuba.com.ar/monografias-de-arquitectura/la-casa-hassel-victor-horta/

Mobiliario en el Art Nouveau: En el curso del siglo XIX, los fabricantes de muebles europeos, sobre todo los franceses, mezclaron estilos del pasado: los críticos decían que había una manifiesta falta de creatividad. La insatisfacción por esto fue proclamada por los arquitectos del movimiento modernista: no sólo introdujeron en las fachadas contornos orgánicos y ondulantes, también diseñaron interiores completos haciendo juego, para lo cual fue necesario una cooperación fructífera entre artistas de varias clases. La ebanistería tradicional consideraba que un mueble debía estar bien construido y ser funcional, una vez logrado esto, se decora. Por el contrario, los diseñadores del cambio de siglo pusieron el acento en la decoración. En su apogeo, un mueble Art Nouveau podía parecerse a un árbol florido; las patas se transformaban en raíces, el marco en el tronco y las principales ramas y la cornisa en flores. Insectos diversos hacían de tiradores de los cajones o servían de caprichosa decoración. El movimiento Art Nouveau en los muebles se apoderó de París entre 1895 y 1905.

Art Nouveau y artes gráficas: Como el movimiento fue sobre todo un modo de diseñar, no es posible sostener que haya habido una pintura art nouveau. Sí se puede afirmar que la pintura no quedó ajena a esta renovación, sobre todo en lo que implicaba de simplificación de la forma, espacios planos, la línea ondulada y su afinidad con el simbolismo, y podemos mencionar pintores que sin duda conectaron con la propuesta modernista. Tal el caso de Gauguin o Munch, cuya obra estudiaremos más adelante.
En 1900, en Viena, la obra pictórica de Gustav Klimt puede calificarse como la que más plenamente encarna el movimiento, por su carácter decorativo, ornamental, belleza efímera, figuras femeninas cargadas de fuerza simbólica. Sus paisajes y composiciones florales, presentados en una compacta imaginería curvilínea, se emparentan directamente con la propuesta art nouveau.
Pero es en las disciplinas de las artes gráficas (carteles, grabados, libros ilustrados y tipografías) y dentro de estas en el cartel, donde la contribución del art nouveau es más claramente determinante.
El cartel, a diferencia de la pintura, necesita ser visto en contraste con lo que le rodea y apreciado en forma fugaz. Exige imágenes que se distingan y un mensaje escrito comprensible y sucinto. Con el fin de aumentar su impacto, el cartel evolucionó según una metodología artística específica, consistente en fuertes armonías de color, vibrante ritmo lineal, imágenes silueteadas y la sutil integración de la escritura en el conjunto de la composición.


Alfonso Mucha fue el más celebrado de los cartelistas del art nouveau, en parte por su relación con Sarah Bernhardt, para quien hizo varias de sus más memorables obras. Fue un artista completo que no sólo brilla como dibujante, sino también en la pintura, la escultura, el diseño de joyas y el diseño aplicado a la industria, a la gráfica y a la decoración. En todas estas áreas, su trabajo se ha caracterizado por la gran abundancia de elementos ornamentales, así como por la presencia idealizada de la joven muchacha, retrato estilizado del ideal de belleza de la época; rodeada de flores, arabescos y otros adornos, a menudo inscrita en la composición vertical característica del afiche de Alfonso Mucha; ese cartel de 2 metros de alto, con figuras a escala casi natural y las características inscripciones en los márgenes superior e inferior. Mucha es ante todo, un artista del Art Noveau, y el Art Noveau es, de alguna manera, Alfonso Mucha.

LA ARQUITECTURA EN ESTADOS UNIDOS: LA ESCUELA DE CHICAGO

Fuente: Gympel, Historia de la arquitectura, y materiales del blog "enseñ-arte" (http://aprendersociales.blogspot.com)

En octubre de 1871 un incendio de grandes dimensiones arrasa gran parte de la ciudad de Chicago, dejando sin hogar a más de 100.000 habitantes y destruyendo más de 17.000edificios, gran parte de ellos en el centro urbano, donde la mayoría de las construcciones era de madera. Esta tragedia convirtió a la arrasada ciudad en centro de atracción de jóvenes arquitectos, que vieron allí la posibilidad de crear, casi ex novo, nuevos modelos edificatorios, que incorporasen a las técnicas constructivas las aportaciones procedentes de la industria.
Este es el origen de la famosa Escuela de Chicago, una corriente arquitectónica que encabeza William Le Baron Jenney (1832-1907) quien, tras haber estudiado arquitectura en Francia, regresó a su país, trabajando como ingeniero militar durante los años de la Guerra de Secesión. Instalado más tarde en Chicago abrió un estudio de arquitectura en el que se formarán algunos de los autores más destacados de la escuela. En 1885 Le Baron concluye su famoso "Home Insurance Building" (demolido en 1931), en el que, por primera vez en la historia, se emplean vigas y columnas de acero e hierro para sostener los forjados de las plantas. Con ello, el muro pierde su función sustentante y puede ser convertido en amplias cristaleras que iluminan el interior. En esta creación, el muro-cortina, que ahora nos parece tan básico, podemos situar el nacimiento de la arquitectura moderna.
Pero todavía quedaba otro aporte de gran importancia: el rascacielos. En 1891 Le Baron diseña el Manhattan Building, una estructura de 16 pisos, con 72 metros de alto.

Discípulo del anterior fue Louis Henry Sullivan (1856-1924), a quien podemos considerar como el más destacado arquitecto de la Escuela. Sus ideas pueden resumirse en la famosa frase de "la forma sigue a la función», con la que adopta un actitud de absoluta modernidad que dejó bien patente en el "Wainwright Building", de San Luis, aunque la mayor parte de sus mejores diseños se encuentran también en Chicago. Entre ellos destacan los famosos almacenes Schlesinger and
Mayer (1904, actual Carson, Pirie, Scott and Company), con toda su estructura de acero y en el que emplea ventanas apaisadas a todo lo ancho del edificio. Si en dicha obra Sullivan creó un diseño en el que predominaban las líneas horizontales, en el Guaranty Building de la ciudad de Búfalo opta por reforzar la verticalidad, demostrando su maestría en la construcción de los primeros rascacielos.

Sullivan, con motivo de la proyección de un rascacielos declaró,: “Todas y cada una de sus pulgadas deben ser soberbias e imponentes, elevarse en una exultación pura por el hecho de que desde el suelo hasta la cresta forman una unidad sin una sola línea discrepante”. Repetía una y otra vez su lema “form follows function” (la forma sigue a la función) hasta que se convirtió en el axioma de toda la arquitectura moderna. En consecuencia, la utilidad de los diferentes pisos se puede deducir por la fachada diferenciada entre zócalo, fuste y capitel. La planta baja y el primer piso están configurados como la zona del zócalo, destinada al comercio al por menor, y provistos de grandes ventanas encima se encuentra la retícula regular de los pisos principales de las oficinas y finalmente, debajo del tejado llano, hay una superficie casi cerrada con ojos de buey: aquí se encuentran las instalaciones técnicas. Si bien es cierto que la decoración es modernísima, este hecho no es relevante para la impresión que produce el exterior del edificio. Esta relación se repite de forma similar en los grandes almacenes Carson, Pirie, Scott de Chicago, diseñados también por Sullivan. No obstante, en este edificio resaltó sólo la esquina redondeada por medio de molduras verticales, mientras que los pisos principales, destinados a la venta, obtuvieron unas “ventanas de Chicago” anchas. Gracias a construcciones de este tipo, cuya configuración se deriva de las necesidades constructivas y de las exigencias funcionales con una sencillez consecuente, en el cambio hacia el siglo XX, Chicago poseía la arquitectura más moderna del mundo”. (extraído de Gympel, Historia de la arquitectura)

Hacia 1890 se construye así en Chicago, luego en todos los Estados Unidos y hoy en todo el mundo. El ascensor, la estructura en esqueleto metálico y la funcionalidad son los grandes aportes de la Escuela de Chicago.

jueves, 20 de agosto de 2009

LA GÉNESIS DE LA ESCULTURA MODERNA – AUGUSTE RODIN (1840-1917)

CONTEXTO HISTÓRICO Y ARTÍSTICO:
La alianza del arte con la ciencia: A fines del siglo XIX, los artistas de todos los campos se percataron con conciencia absoluta, del extraordinario éxito del método científico. El realismo y el impresionismo trajeron una nueva actitud objetiva a las artes, aunada a un énfasis en el sentido de que los artistas se volviesen especialistas y persiguiesen un solo aspecto de sus diversos campos de expresión.
Los arquitectos tendieron la mano a los ingenieros en busca de progresos cada vez más avanzados en la construcción. Una pintura para un impresionista era una especie de experimento, una aventura en la resolución de un problema. Los realistas en literatura cultivaron una objetividad científica en sus obras y desarrollaron una técnica que les permitiría registrar los detalles de sus minuciosas observaciones de la vida diaria, con exactitud y precisión.
El hombre de fines del siglo XIX, sufrió un gran impacto a partir de las teorías evolutivas de Charles Darwin, que sostenían que la creación era un proceso continuo y perpetuo y no un hecho consumado y definitivo. Como resultado de estas ideas, y la noción de progreso en sentido ascendente y hacia delante cambió para convertirse en otra de flujos y cambios ininterrumpidos. Así pues los artistas, se concentraron en los hechos momentáneos, fragmentarios, cotidianos.
En la escultura también se producirán estos fenómenos.

Biografía y obra de Auguste Rodin

A finales del siglo XIX, el Impresionismo, que era un movimiento fundamentalmente pictórico, ejerció una profunda influencia en la escultura, no parecía la forma más idónea para traducir las vibraciones atmosféricas en la escultura.
Si bien algunos escultores introdujeron las sensaciones lumínicas a través de la renovación de las técnicas, explotando las posibilidades del material y estudiando los efectos de lo inacabado, técnica que ya había iniciado Miguel Ángel, estos artistas se proponen renovar los ideales de la escultura, alejándola de los modelos clásicos y de las inclinaciones exageradas del Naturalismo.
Auguste Rodin (1840-1917) nació en París en el seno de una familia modesta, apenas sabemos nada de su infancia. Sus primeros años no fueron fáciles, no siendo admitido en la Escuela de Bellas Artes, tuvo que resignarse con asistir a la Petit Ecole de artes decorativas. Tampoco gozó de la comprensión de la crítica y su primer empleo fue como dibujante y modelador de escultura decorativa.
En el Salón de Paris de 1877, una de sus esculturas “La edad de bronce” fue rechazada por los críticos por considerar que de la misma emanaba “demasiada vitalidad” y que probablemente fuera un fraude realizado a partir de un molde de yeso tomado de un modelo vivo. Por lo que la misma fue retirada de la exposición. Rodin refutó las acusaciones mostrando fotografías y moldes hechos sobre el modelo que había posado para él.
Rodin es un escultor muy difícil de encasillar dentro de un estilo único y preciso. Se lo puede ver, a veces, como impresionista, otras como simbolista o expresionista. Lo cierto es que su aporte más significativo a la escultura fue su capacidad de liberarla de las reglas académicas propias del siglo XIX, y crear una escultura viva, libre, humana.
La escultura era un instrumento para su personal interpretación de la naturaleza. Funde la técnica impresionista, que con la rugosidad de las superficies y la multiplicación de planos, obtiene efectos de luz y de vida profunda de las figuras.
RODIN Y LAS EMOCIONES EN LA ACCIÓN CREADORA:
Para Rodin, la belleza en el arte consistía en una representación fidedigna del estado interior, y para lograr este fin a menudo distorsionaba sutilmente la anatomía. Su escultura, en bronce y mármol, se divide en dos estilos. El estilo más característico revela una dureza deliberada en la forma y un laborioso modelado de la textura; el otro está marcado por una superficie pulida y la delicadeza de la forma.
Aunque sus obras sean hoy copiadas en mármol o en bronce, Rodin fue sobre todo un modelador, decía: “Modelar es reflejar la vida”. Más que interesarle la perfección formal o la belleza lo que pretendía era plasmar la vida, y para él la vida era la fuerza, el movimiento y la acción. Afirmaba: “La escultura no tiene necesidad de originalidad sino de vida… Creo que el movimiento es lo esencial y en todo lo que hago intento conseguirlo.”
Su obra nos señala que nada será siempre totalmente completo, que todo acontece en la corriente del tiempo, y que la materia es la madre que continuamente da a la luz, que la creación es un proceso inacabable, y no un hecho consumado, en resumen, la aceptación de la teoría y la filosofía de la evolución, lo que da a la concepción de Rodin su altura extraordinaria.
Rodin poseía una extraordinaria pasión por el material que trabajaba en su forma original, por el cual profesaba un deseo de explorar continuamente todas sus posibilidades y capacidades. Si Miguel Ángel dejó sus figuras incompletas y aún dominadas por la materia de la que estaban hechas, fue en gran parte porque las circunstancias le impidieron terminarlas. En el caso de Rodin, lo incompleto es parte consciente y calculada de su diseño expresivo. Rodin traspasa los límites más allá de la mera descripción, para él los hechos no son nada en sí mismo; solamente cuando se les trae de nuevo a la memoria adquieren el color subjetivo necesario, y el artista puede tratar con ellos con la autonomía necesaria en su proceso de creación.
Es por esta razón, que Rodin prefería trabajar basado en una imagen de la memoria y no directamente en un modelo vivo, y cuando lo hacía, solo realizaba un boceto rápido o una impresión en cera o arcilla blanda.
Así, luego de que las formas decantaban en su memoria, y habían adquirido un carácter más subjetivo y personal, Rodin realizaba sus obras, con la profundidad psicológica que las mismas poseen, y que elevaron a éstas por encima de lo meramente académico y vulgar.

ALGUNAS DE SUS PRINCIPALES OBRAS:

La puerta del Infierno: (1880-1917) Hacia 1880, comenzó una etapa sumamente activa, recibiendo el encargo de hacer una puerta monumental de bronce para el Museo de Artes Decorativas de París. Escogió como tema el Infierno de Dante, por eso se han denominado la Puerta del Infierno. Sin embargo, algunos historiadores del arte, consideran que esta obra representa, en realidad, una meditación profunda del artista sobre la condición humana; el verdadero infierno no es el Hades o Lucifer sino que se encuentra en el alma humana, en sus tormentos, en sus aspiraciones insatisfechas.
Al principio, imaginó la Puerta como un portal en sí, como las puertas del Paraíso de Ghiberti. Pero fue modificando la idea de elaborados paneles rectangulares y creó en su lugar paneles en los que presenta una secuencia de figuras de varios tamaños que proyectaban infinidad de relieves sobre un fondo turbulento y escarpado. Representan a los condenados ascendiendo y cayendo.
En la parte superior, tres desnudos masculinos forman el grupo de Las Sombras que personifican la victoria de la muerte. Presidiendo el conjunto, en el centro del dintel, aparece sentada la figura del poeta Dante, que acabaría evolucionando en su famoso Pensador.
El denominador común es la visión trágica de la condición humana, las pasiones, los deseos y los tormentos.
El Museo nunca fue construido y la entrada nunca acabada, pero las Puertas del Infierno fueron el origen para muchas de las obras posteriores de Rodin, como El Pensador o El Beso.

El Pensador (1880-1889) encarna el acto de meditación. El influjo de Miguel Ángel en esta escultura es determinante. El personaje se encuentra sumido en la profundidad de sus reflexiones, librando una batalla interior. A través de la constitución muscular manifiesta la fuerza de los tormentos morales y las angustias humanas. Todo el cuerpo lo tiene empleado en el pensar, hasta los pies están crispados por el esfuerzo de debatirse entre los pros y los contras de sus propósitos.
La luz y la técnica del modelado son impresionistas, pero el vigor de las formas, el trabajo de la materia y las texturas dejan entrever rasgos expresionistas.

Los burgueses de Calais (1885-1895) En 1884, el municipio de Calais le encarga para inmortalizar un hecho famoso en la historia de la ciudad y de la guerra de los Cien Años. Rodin se sentirá atraído por la tarea de crear un monumento que conmemora a un grupo y no a un personaje individual. Pero la unidad formal del conjunto era menor que la psicológica, concentrándose en la reacción individual de cada miembro del grupo. Los seis burgueses parecen totalmente inconscientes de la presencia de los otros. Lo único que los une es su condición de rehenes. Son antihéroes, complejos seres humanos, diferentes cada uno de ellos entre sí.
Los concejales de Calais lo consideraron un fracaso, la obra no representaba el acontecimiento ni el acto de sacrificio ejemplar, sino que era un monumento a las dificultades humanas y a sus diferentes reacciones.
Sin embargo, esta fue una de las obras más queridas por Rodin, y en ella trabajó arduamente hasta alcanzar el angustioso caminar de los hombres hacia la muerte. En esta, como en otras de sus creaciones (El pensador, Monumento a Balzac, etc) es patente la reacción de Rodin contra el neoclasicismo escultórico, frío e idealista, y su interés por una plástica de un naturalismo intenso, incidiendo en el camino ya emprendido por los impresionistas.
Declaraba en su época Rodin: “Mi liberación del academicismo se la debo a Miguel Ángel, quien habiéndome mostrado reglas diametralmente opuesta a las que me habían enseñado, me liberó”.
El Beso (1880-1900) es en realidad una obra que quedó suelta (como El Pensador) pero que estaba pensada para decorar una enorme puerta que abriría el nuevo Museo de Artes Decorativas de París, lo que él llamó La Puerta del infierno y que no llegaría a culminarse. La propia obra responde a la temática propuesta de tal forma, que representa los amores de Paolo y Francesca, personajes del Infierno de Dante, pieza en la que se inspiraba toda la concepción de la puerta, de ahí su título.
Se trata ante todo de concebir la escultura desechando la composición desde un solo punto de vista, y por el contrario contemplar la obra desde varias perspectivas. Es decir convertir una obra en varias obras a la vez, según desde dónde se observe.
Camille Mauclair un estrecho colaborador de Rodin indicaba al respecto: “Rodin hacía sucesivos apuntes de todas las caras de sus obras, a cuyo alrededor daba continuamente vueltas con el fin de obtener una serie de vistas conectadas en círculo... Su deseo era que una estatua se levantara totalmente libre y aguantara la contemplación desde cualquier punto; debía además guardar una relación con la luz y con la atmósfera que la rodeaba”. En relación a lo mismo declaraba su amigo Paul Gsell. “Su método de trabajo no era el habitual. Varios modelos desnudos, masculinos y femeninos, paseaban por el estudio o descansaban... Rodin los miraba continuamente...y cuando uno u otro daba un movimiento que le agradaba, le pedía que se quedara así, posando unos momentos. Entonces tomaba rápidamente el barro y al poco tiempo ya tenía hecho un boceto. Después con la misma ligereza, pasaba a realizar otro, que modelaba de la misma manera”. El resultado que se buscaba con ello, lo describe el propio Rodin: “Las diferentes partes de una escultura, cuando se las representa en momentos temporales sucesivos, producen una ilusión de movimiento real”.
Ciertamente en El Beso se pueden contemplar varios aspectos sucesivos del propio gesto de los amantes, que enriquecen la visión e introducen la continuidad temporal en la obra: Para empezar hay que destacar el juego de entrelazo que crean las líneas de brazos y piernas, y que consiguen enredar a los amantes en una composición que termina fundiéndose en el propio beso, imagen paradigmática del propio gesto de amor.
Para ello la composición sigue un efecto en espiral: de la rugosidad de la piedra sin desbastar, surgen las piernas que ejercen un efecto de impulso ascendente a través de la posición de las tres rodillas; posteriormente, los brazos van cerrando la composición en un juego de líneas contrarias, hasta culminar la pirámide visual en la fusión de ambas cabezas en el beso.
La característica técnica de su autor, el inacabado de las figuras, se advierte principalmente en el arranque de las piernas que parecen surgir de la piedra, de la propia naturaleza, de lo primitivo, y en los rostros, que pierden toda su apariencia al diluirse en el propio gesto de besar. Con ello y los contrastes de luz que ello supone, gana enormemente su efecto expresivo.
A su vez, la solución formal de multiplicar los planos de visión de la obra permite ver una escultura múltiple: aquélla en la que prevalece la sensibilidad de un beso tierno, si la contemplamos anteponiendo la espalda fina y delicada de la mujer; la de un beso arrobado y pasional, si anteponemos el cuerpo musculoso del varón; o la de un gesto simplemente de amor, si prevalece la imagen de brazos y rodillas de los amantes y el brazo izquierdo de la dama nos oculta el propio beso, pero nos transmite toda su ternura cogiendo a su amante por el cuello.
Y todo ello sin perder lógicamente la unidad, en este caso, la unidad conseguida a través del movimiento compositivo, que es lo que da continuidad y sucesión a todo el proceso gestual.
Una obra por ello compleja y conseguida, y además bella. Muy bella, por su modelado, y por las calidades incomparables que le otorga el material, la magia del mármol que nos transporta sutilmente hasta la propia magia del amor.

Testamento de Rodin:
Jóvenes que quieren ser oficiantes de la belleza, quizá les guste encontrar aquí el resumen de una larga experiencia.
Amen devotamente a los maestros que les precedieron. Inclínense delante de Fidias y de Miguel Ángel. Admiren la divina serenidad de uno, la brutal angustia del otro. La admiración es un vino generoso para los espíritus nobles. Cuídense, sin embargo, de imitar a sus mayores. Respetuosos de la tradición, sepan discernir lo que ella encierra de eternamente fecundo: el amor a la Naturaleza y la sinceridad. Éstas son las dos fuertes pasiones de los genios. Todos han adorado a la Naturaleza y jamás han mentido. Así la tradición les tenderá la llave gracias a la cual ustedes se evadirán de la rutina.
Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se transparenta bajo la forma. Y esta verdad es la belleza misma. Estudien religiosamente: no podrán dejar de encontrar la belleza, porque se encontrarán con la verdad.
EI arte no es más que sentimiento. Pero sin la ciencia de los volúmenes, de las proporciones de los colores sin la dirección de la mano, el sentimiento más vivo se paraliza.
Sean verdaderos, jóvenes. EI arte no comienza más que con la verdad interior. Que todas sus formas, todos sus colores, traduzcan sentimientos. EI artista que se contenta con la apariencia y quien reproduce servilmente los detalles sin valor no será jamás un maestro.


Bibliografía consultada:
Arte, música e ideas – William Fleming
Historia del Arte – Grupo Ágora
Historia del Arte – Ernst H. Gombrich
www.si-educa.net/basico/ficha203.html
www.artecreha.com
www.musee-orsay.fr
www.aprendersociales.blogspot.com
www.musee-rodin.fr

martes, 18 de agosto de 2009

HENRY DE TOULOUSE-LAUTREC

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) en un primer momento, contactó con el Impresionismo, pero luego lo abandonó, porque tenía intereses diferentes. El paisaje apenas si lo practica, él se decanta por los seres vivos, sobre todo por la figura humana en movimiento. Es un gran admirador del arte japonés. Su vehículo de expresión es el dibujo. Tanto por técnica, como por actitud frente al modelo, es de gran personalidad.
El dibujo tal y como lo usa no tiene que ver con el concepto de dibujo tradicional de raíz académica: trasladar la imagen al lienzo no le sirve sólo para reproducir la apariencia, sino también la expresión que provoca en él la visión del objeto. A través del trazo transmite sus filias y sus fobias. Hace un uso expresivo, no descriptivo del dibujo. Tiene gran capacidad para captar la psicología de lo que tiene delante: seres humanos en movimiento, gestos individualizados, bailes, actuaciones... . Es un observador preciso que a veces trata temas inadecuados. Presenta lo real, sin hacer crítica ni edulcoración. En él, el aspecto artístico siempre va por delante del tema. Junto con Gauguin, es el introductor de las grandes áreas de color plano.

Baile en el Moulin Rouge, 1890
Lautrec es el creador del cartel moderno, introduce aspectos que influyen en la publicidad posterior. En sus carteles hay relación entre texto y letra. El cartel se dirige a convencer y requiere una imagen limpia, eficaz, y llamativa. A Lautrec le importa de modo especial el estímulo psicológico. A partir del dato visivo profundiza y capta lo personal. Al captar el rasgo personal, se decanta por el dibujo, el pastel y litografía. A Lautrec siempre le atrajo el tema de la escena y las carreras de caballos. No le atrae el mundo burgués, sino los ambientes más bajos como Montmartre. Lautrec entiende el arte como comunicación de actualidad.


Cartel para el Moulin Rouge con La Goulue, 1891



PAUL CÉZANNE

fuente: Historia de la pintura. Edit. Könemann

El llamado "padre de la modernidad" nació en 1839 en Aix-en-Provence, en el seno de una familia burguesa adinerada. Fue rechazado varias veces de la École de Beaux-Arts de París porque pintaba "excesivamente" y tenía el temperamento de un "colorista", es decir anteponía el color al dibujo y a la representación realista como medio de expresión artística. Conoció a los impresionistas Pissarro, Monet, Renoir y Degas, con lo que expuso en 1874 y 1877. Al no encontrar reconocimiento público, se retiró del mundo artístico parisino y a partir de 1882 residió en Aix-en-Provence donde murió en 1906.
Cézanne desarrolló nuevas formas de expresión artística que partían del impresionismo. Está considerado el principal representante del postimpresionismo y al mismo tiempo un individualista y un innovador al que los futuros artistas (cubistas, fauvistas, expresionistas) le debieron los fundamentos de su arte.
Mientras que el impresionismo destacó por la ilusión y la luminosidad, a Cézanne le faltó casi por completo la ilusión de luz y aire. El artista reprodujo la aparente realidad de forma peculiarmente inmóvil y con muy poco efecto espacial, convirtió la tenua textura de los impresionistas, compuesta por puntos policromos, en una vibración cromática alcanzada gracias a amplias pinceladas de gran colorido. Simplificó cuidadosamente los objetos representados hasta conseguir las formas básicas fundamentales como círculos, cubos y cilindros y, con ello, sentó las bases del cubismo y el arte abstracto del siglo XX.

El Chateau-Noir y la Sainte-Victoire. 1904-06


El estilo maduro de Cézanne se manifiesta por primera vez en los paisajes. Pissarro fue quien le introdujo en la pintura al aire libre y desde entonces quedó fascinado por la montaña de Sainte-Victoire que domina la llanura del Val d'Arc, cerca de Aix-en-Provence, con su característico perfil jorobado. Plasmó esta montaña y sus alrededores desde diferentes puntos de vista en dibujos, acuarela y pinturas al óleo. En sus cuadros las colinas que parten de la impresionante montaña dan vida al paisaje; sin embargo, no muestran ninguna exactitud naturalista. La finalidad de Cézanne fue seguir la fuerza creadora y la intensidad de la naturaleza con los medios del arte, es decir, no copiar la naturaleza, sino representarla.
Bodegón con cebollas 1895-1900
En las naturalezas muertas de Cézanne los objetos cotidianos reciben un significado central dentro de la totalidad. Así, artículos tan usuales como botellas, vasos, platos o manteles, son sacados de su trivial funcionalidad y monumentalizados. En el cuadro Bodegón con cebollas el pintor drapea un paño alrededor de un vaso y unas cebollas y una botella se alza, como si de una torre se tratara, ante una pared cargada de tonalidades. Los puntiagudos pliegues del paño contrastan con la redondez de las cebollas. Las formas quedan reducidas a conos, esferas y cilindros. La fidelidad hacia el detalle es tan secundaria como la rigurosidad perspectiva. La materialidad de los objetos resalta mediante el colorido específico.
Cézanne renovó la pintura, preparó el cuadro "autónomo" y la descomposición geométrica de los elementos, algo de lo que se aprovecharían posteriormente Matisse y los cubistas.


lunes, 17 de agosto de 2009

PAUL GAUGUIN

Paul Gauguin (1848-1903), formado con los impresionistas, se apartó de ellos apostando por la fuerza emocional y el contenido simbólico de la forma y el color.
Crítico de la civilización, se apartó de París y buscó primero su estilo pictórico en Pont-Avon, en el interior de la provincia de Bretaña, y luego lo hizo aún más lejos, pintando a los nativos y los paisajes de la Polinesia. Él, que se autoproclamaba salvaje y que con su amigo Van Gogh constituyó uno de los casos más dramáticos de marginación de todo el arte contemporáneo, creó la leyenda del artista que huye de la sociedad para encontrar las fuentes de la poesía en medio de una naturaleza y de unas gentes que aún no habían sido contaminadas por la civilización y cuyo arte, que – a diferencia del europeo- no se había interesado jamás por la imitación de la naturaleza ni por la belleza ideal, poseía aquello que tanto estaba empezando a interesar a muchos artistas europeos: una gran sencillez técnica, una estructura muy clara y una enorme expresividad. En su cuadro “¿De dónde venimos? ¿Qué somos ¿A dónde vamos?" (1897), una especie de testamento personal, planteó una serie de preguntas cruciales para las que no había –al menos para él- respuesta. Y para hacerlo, en vez de recurrir al repertorio de símbolos e imágenes acuñados por el arte occidental, creó su propio universo simbólico con elementos extraídos de su propio mundo personal – de sus sueños, de sus miedos, de sus recuerdos- y pintados tal y como él los veía en su propio interior, utilizando para ello la memoria, lo que se traduce de manera inmediata en el aspecto de su pintura, pues, a diferencia de la vista, la memoria no da detalles, suaviza los colores, los dispone en superficies planas y es inmune a los cambios de luz, consiguiendo con ello liberar a sus imágenes de las cadenas del realismo.
Con su utilización expresiva de la forma y del color – con sus “deformaciones expresivas” – Van Gogh y Gauguin estaban abriendo a los artistas las puertas del expresionismo.